Cave Canem

Publicado: 16 febrero, 2012 en Sin categoría

Escribí este relato con el propósito de enviarlo al I certamen relato corto Juan Antonio Cebrián, más como homenaje a ése gran genio que fue Juan que por otra cosa. El caso es que creo que al final no lo envié, y lo tenía olvidado por ahí pero hoy lo he visto y me ha hecho gracia. Así que lo pongo por aquí. No me llevó ni diez minutos escribirlo, se nota, y hay un par de versiones distintas por ahí. Ahí va:

 

CAVE CANEM

Arthur Gordon Pym

<<Les voy a contar una historia terrible. Me queda poco tiempo, no me querrán creer, pero se la voy a contar. Se me atribuye un crimen, pero yo no fui. Hay lobos en este bosque. Y otras cosas. Desperté en este bosque. Este maldito bosque. Aturdido, confundido, desorientado. Glend, me llamo Glend, eso lo recuerdo. Tenía la ropa hecha harapos. No soy el perfecto aventurero, ni mucho menos, así que no tuve forma de saber dónde me hallaba. Un bosque, sí, pero ¿dónde? Por no hablar del cómo, cuándo… nunca me interesé demasiado por el porqué, pero sí hubiera dado un brazo por averiguar para qué.

Desperté tendido en una especie de charco de barro, parecía que se hubiera producido una pelea allí, mi ropa estaba sucia y mugrienta. Yo tenía sangre por todo el cuerpo, como pueden ver. No era mía. Apestaba a pólvora. A penas podía recordar quién era yo… Sí recuerdo que la noche anterior me ocurrió algo horrible, algo terrible, pero… pero… No estoy seguro.

Me incorporé y miré a mi alrededor: árboles enormes como torres, como gigantes con cientos de brazos vegetales; los rayos lunares atravesaban la tupida floresta dotando de mil matices tenebrosos el paisaje, poblándolo todo de confusas sombras. Escuché el ulular de un búho, llamando quizás a su presa; me parecía oír crujir de ramas, pisadas de animales, arbustos moviéndose, adivinaba lobos y trasgos en derredor. Me recorrieron escalofríos.

A pesar de mis terribles miedos, casi paralizantes, y de la horrible situación en que me encontraba, tenía muchísima sed. Como si me hubiera comido un cerdo crudo sin pegar un trago. Iba a necesitar agua. Si había vida y vegetación, era muy probable que hubiera un riachuelo por algún lado. Eché a caminar. También sentía el zarpazo del hambre.

No sé qué debí hacer anoche, pero me dolía horrores la cabeza. Como si hubiera estado bebiendo toda la noche o… o peor… como si me hubieran arrancado la cabeza. Caminaba intentando mantener una línea recta, pero me costaba.

Ya debía estar avanzada la noche, pues el viento arreciaba y yo sentía cada vez más frío. Estaba ya apunto de caer rendido, cuando vislumbré una luz a lo lejos. Parecía una hoguera << ¡salvado!>>, pensé. Hice acopio de las pocas fuerzas que me quedaban, y me dirigí hacia ella. Ignoré todas las sombras, los mil demonios que parecía que se cernían sobre mí, y corrí hacia la hoguera como si el diablo estuviera proyectando en mi nuca su aliento de fuego.

Me paré a escasos dos metros del campamento. Eran cuatro personas: tres adultos y una niña. Me eran extrañamente familiares. Estaban profundamente dormidos, el fuego les mantenía calientes. Parecía que hubieran librado una batalla, tenían un aspecto desastroso. Su piel tenía una palidez espectral, sus rostros habían visto maldad. Me senté al lado de la niña, acurrucándome un poco con ella, dejando que el calor se apoderara de mi cuerpo. Ya iba a buscar un poco de agua, cuando la niña entreabrió los ojos. La miré fijamente. Y os aseguro que nunca olvidaré su cara de espanto. Con los ojos como platos, empezó a chillar, sus gritos eran terribles, no hubiera gritado más si se le hubiera aparecido una visión del mismo infierno. Yo me espanté a mi vez, traté de calmarla pero sólo conseguí que gritara más… Salí huyendo de allí, perseguido por disparos de escopeta.

¿Qué había ocurrido? ¿Qué pudo haber visto aquella niña en mí que la espantara tanto? Todo era tan extraño… Me estaba volviendo loco.

El caso es que el bosque comenzaba a resultarme familiar. Llegué a este claro donde juraría haber estado anteriormente… pero temblé con ese sentimiento. Les vi venir a ustedes en sus jeeps con sus intensas luces… y… y… ¡ahora lo recuerdo!>> –empezó a excitarse mucho, los dos agentes le sujetaron por los hombros. Su voz era temblorosa.-

<<La escena era dantesca.

No me creerán ustedes, pero les digo la verdad, vi grandes demonios, con enormes dentaduras, pelaje negro, marrón y rojizo como el fuego y con enormes garras negras. Era horrible, pero no pude apartar la mirada. ¡Estaban partiendo los miembros de aquellas personas y comiéndoselos! La niña y sus padres lograron huir. Me miró al escapar… ¡Fue en este preciso claro, pueden ver aún algunos restos!

Yo grité sin querer. Uno de los monstruos se volteó y me clavó su terrible mirada flamígera. Corrí, corrí sin poder dejar de hacerlo, mis piernas parecía que se iban a romper de un momento a otro. Los sentía detrás mía, muy cerca… tropecé y caí en el suelo enlodado donde me he despertado hoy.

Pero no pueden acusarme a mí ¡Yo soy la víctima! Se lo juro, ¡no pueden condenarme! Por dios ¡no me maten…! ¡No son lobos, no son lobos!>>

  • ¡Calla, asesino! –el agente forestal le golpeó fuerte en la cabeza, mientras le encerraban en el coche patrulla. Glend tenía la mirada torva, perdida, una mueca indescifrable propia de un loco…-

  • No son lobos… yo no fui… ¡se lo juro! -gritaba Glend, fuera de sí- No me encierren lejos del bosque…

paso muy mal las noches de luna llena.

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comentarios
  1. tfundo21 dice:

    anonymous lo mejor pasar muy mal las noches de luna llena…

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