Yo soy friki porque el mundo me hizo así…

Publicado: 13 diciembre, 2007 en Sin categoría
 
 

Tengo que enregar hoy la memoria de un curso que hice hace poquito "Los freaks en el cine. Outsiders, marginados, autoexcluidos y lo socialmente aceptable; o la diferencia como innovación" , escrita aprisa y corriendo, aquí la cuelgo pa compartirla con tós ustedes…. viva lo friky! viva!

 

 

Se dice que la primera vez que sonó la palabra “freak” fue en el circo de los horrores de Barnum. El tal Barnum era un empresario con pocos escrúpulos que seducía a personas dotadas de defectos llamativos y las exhibía con claro afán de lucro por todo Estados Unidos.

 

Estas personas se convertirían, con el tiempo, en los clásicos personajes circenses, a saber, la mujer barbuda, el forzudo, los siameses unidos, los enanos, el hombre más feo del mundo, sirenas y demás seres mitológicos o estrambóticos. Ni qué decir tiene que Barnum se las ingeniaba para acusar aún más de manera artificial los efectos que, ya de por sí, dotaban a estas gentes de repulsión, a primera vista.

 

Con todo ello, el circo se convirtió en un verdadero museo de los horrores ambulante. Las cenas y comidas de empresa deberían ser verdaderamente instructivas…

 

Muchos años después, surgió una especie de secuela de este circo tan pionero y particular en el musical y luego película The Rocky horror picture show, película en la que volvimos a ver a seres del todo estrafalarios.

 

En la actualidad la palabra freak se ha recuperado con mucha fuerza y define a personas excepcionales o fuera de la norma social establecida. Yo postulo que, si fuéramos caso por caso, todo el mundo sería “freaky”.

 

Los bares los domingos son verdaderas reuniones de freakys bastante odiosos. Saben alineaciones de equipos de fútbol provenientes de países cuyo presidente, seguro, desconocen. Pueden estar horas y horas discutiendo sobre qué alineaciones son las mejores, qué tácticas seguirían ellos, qué entrenadores –a lo largo de la historia del fútbol, si es preciso- irían mejor para su equipo… Me recuerdan mucho a los freaks “oficiales” que pueden ser, indistintamente, seguidores de El Señor de los Anillos, “trekis”, de la saga de La guerra de las galaxias, o jugadores de rol, por ejemplo. En resumen, ver en una tarde las tres películas de El Señor de los Anuillos, en versión extendida y con los comentarios del director, o ver  temporadas enteras de tu serie favorita, es ser freak. Pero pasar toda una tarde de domingo con veinte hombres más, apoyado en la barra de un bar mugriento, mirando uno tras otro partidos de fútbol y, aún más, siguiendo paralelamente la retransmisión, por la radio por ejemplo, de los que se están disputando simultáneamente, eso, eso sólo es ser español… Yo veo más freak, pero con muchísima diferencia, lo segundo.

 

Y es que ser freak viene en el ser humano. La única diferencia en los ejemplos que he descrito arriba es que una cosa la hacen millones de personas en nuestro país, y las otras sólo miles. Pero ojo que he dicho “sólo” miles. Nadie es ni será nunca tan único como a él le gustaría ser… Y así casi mejor.

 

Y después de esta introducción medio apresurada voy a centrarme más en el caso de alguna película de las vistas en el curso en concreto. Por empezar por alguna hablaré de American Beauty.

 

Kevin Spacey era para mí un total desconocido hasta que vi esta película, cuando yo tendría, aproximadamente, diecinueve años. En ningún momento lo llamaría freak. Creo que la impresión que da es la de héroe, ni más ni menos, ni siquiera un antihéroe. Es un cuarentón que pasa de todo, fuma porros, se quiere beneficiar a la amiga de su hija que, además, accede… hace deporte –incluso fumando a mansalva, pésimo mensaje para los críos (como lo era yo cuando la vi por primera vez…)-, y se le ve absolutamente feliz. Es verdad que  muere. Pero esto ¿qué quiere decitr? ¿Es una moraleja? ¿No se puede andar por la vida haciendo lo que te dé la gana, aunque no hagas daño a terceros? Lo que fácilmente se puede leer es que viene el estado opresor y te machaca… Más que el estado quizá habría que decir la sociedad, que aún no está preparada para dosis tan altas de ejercicio sano de la libertad individual. Represión está encarnada en la figura del exmilitar –poco sutil imagen- homosexual reprimido. Es destacable cómo Spacey –es que no recuerdo el nombre del personaje- utiliza al sistema para conseguir sus fines. Me refiero sencillamente al hecho de que se meta a trabajar en una especie de krustyburguer. Nada más capitalista y liberal que las empresas megaconocidas de comida rápida, en última instancia causantes de horarios laborales esclavizantes, alienadores y, en definitiva, la perpetuación de un régimen económico básicamente injusto: el capitalismo. Pues bien, Spacey nos enseña que, si no se es demasiado avaricioso y si se sabe administrar la libertad de cada uno, si sólo aspiras a fumar porros de vez en cuando, comprarte el coche que deseabas a los dieciséis, hacer deporte, cuidarte, seducir a una joven, en fin, vivir sin grandes aspiraciones –léase: american way of life, es decir, casa enorme, coche enorme, vacaciones enormes… cosas que no se necesitan- entonces, se puede renunciar a tu trabajo de abultado sueldo pero absorbente y absurdo… y pasar a trabajar en una hamburguesería “en el puesto que menos responsabilidad tenga”. Sencillamente genial.

 

Así que de freak, nada. O si lo es, todos queremos ser freaks… aunque muramos, qué demonios.

 

A Forrest Gump le ocurre algo parecido. Toda la película se produce la dialéctica entre sus discapacidades y su innegable talento para salir airoso ante casi cualquier circunstancia. Sólo vemos claramente que sufre en momentos puntuales, en los que, por otro lado, cualquier humano sufriría. Cuando Jane le abandona –repetidamente-, y ni siquiera parece sufrir demasiado a la segunda, y cuando fallece su madre –por supuesto cuando fallece Jane, con la muerte en general-. Pero, por lo demás, a todos nos gustaría ser Forrest Gump. Bueno, en realidad admito que esta última afirmación hay que hacerla con la boca pequeña pero, visto objetivamente, parece que sólo le salen bien las cosas… a pesar de lo mal que le han salido, congénitamente. De todas formas, me parece bonita y todo eso, pero ponen mucho de manifiesto lo importante que es para el americano medio, por tanto, para el ciudadano del mundo medio –casi- la importancia de: ver al presidente –si es varias veces, mejor-; ganar la superbowl –ídem-; ¿participar en la guerra de Vietnam?, mejor, ser condecorado con honores de guerra; ser campeón de ping pong mundial, ayudando a tu país en momentos delicados de la guerra fría; ganar una fortuna pescando gambas y luego con la informática (¡)… etcétera. Francamente, ¿es todo esto éxito? ¿Puede Forrest respirar tranquilo al volver la vista atrás? ¿Y los demás no? Yo no quiero saludar al presidente, ni ganar la superbowl, ni participar en una guerra (aunque me condecoren), ni ser el mejor del mundo en ping pong… hacerme rico supongo que sí, pero juro que me conformaría con la riqueza de Kevin Spacey. Y no he mencionado lo de las carreritas, entre otras cosas, por supuesto.

 

Y es que eso merece mención aparte. Que una persona empiece a correr porque no tiene otra cosa que hacer, me parece uno de los momentos más poéticos, no sólo del cine, sino de toda la Historia del Arte de la Humanidad, desde las pintadas en las cuevas, hasta Picasso. Forrest estaba cansado, Jane pasaba de él, todo le agobiaba, se aburre, ¿qué hace?: correr. Ahí no es -¿lo es realmente en algún momento?- para nada freak, todos hacemos lo mismo. Forrest corre contra el tiempo, o quizá a su cara, contra su destino, corre tan rápido como puede para escapar de cosas que, por mucho que corra, nunca va a perder: sus discapacidades, la vejez, la soledad, la muerte…

 

De nuevo, todos somos Forrest.

 

Con Mejor Imposible me ocurre algo parecido. No es que crea envidiable estar en la piel de Jack Nicholson –eso sólo me sucede con el personaje de Kevin Spacey-, pero no creo que las cosas le vayan tan terriblemente mal. Reconozco el hecho de que las películas fueron elegidas para destacar la victoria de los supuestos freaks ante sus supuestas adversidades, pero creo que estas se pasan.

 

Es un escritor de éxito, maníaco compulsivo, pero con éxito. Sociópata, decide empezar a medicarse porque, gracias a su camarera favorita, de la cual está enamorado, “quiere ser mejor persona”. Pues en otro dechado de realismo cinematográfico, la película acaba con la camarera y el sesentón actor liados y en una pastelería comiendo pasteles. Lo que la película no cuenta es lo que duran, pero esto suele pasar con todas las comedias románticas… Por tanto, si lo que queremos es enamorar a camareras atractivas, entonces me veo obligado a decir, de nuevo, todos somos Jack Nicholson…

 

A Napoleon Dynamite lo veo de otra época. Es freak, sí, de eso no hay duda. Se decía en las charlas que si alguien quiere ponerse botas de invierno en verano debe ponérselas. Ante eso no tengo mucho que objetar. En general, yo he conocido gente más freak que él, sobre todo en los gloriosos años noventa de mi estancia en secundaria… catorceañeros comemocos y gañanes los hay en todas las culturas, supongo. Y, en la mayor parte de los casos, de verdad que se “regeneran”, se “enderezan”…  Habría que seguirle también la pista a Napoleon con el paso de los años. A ver si su condición de freak no era más, en realidad, que una fina capa de ignorancia y falta de curiosidad por la estética que, con el tiempo, a nada que se rasque un poco, desaparece y vemos la más “convencional” de las personas…

 

Al final parece que también se queda con la chica, aunque sólo lo sugieran con una escena de la chica y él jugando con la pelota atada a una cuerda…Reconozco que no sé si todos somos Napoleón, la verdad.

 

Antes de que se proyectara Ed Wood nos la presentó un chico diciendo que, para él, era la mejor de todas. Era, quitando la de Napoleon Dynamite, la única que yo no había visto. Y estoy de acuerdo con él, fue la que más me gustó.

 

Pero estamos con lo mismo, pero, además, en Hollywood. ¿Quién no es freak en Hollywood? Pues como en todo el mundo: nadie. Esta película recuerda bastante a lo que decía al principio del circo Barnum. Bella Lubosy, el gigante luchador, la chica de provincias que viene a probar suerte en esto del cine, los extras más delirantes, Vampirela… y el propio Ed, todos juntos harían las delicias de un público medio gótico-arrabalesco-travestido, es decir, absolutamente todos nosotros.

 

La calidad cinematográfica es innegable. El propio Tim Burton, como se encargó de señalar en la presentación, se podría decir que es el más freak de los menos freaks, es decir, dentro del estrellato de Hollywood es el más extravagante, aproximadamente, pero una vez que se toca la fama se deja de ser freak en rigor, en pureza. El propio Ed Wood fue considerado como el peor director de todos los tiempos, y eso sólo me hace pensar en el pobre segundo peor director de todos los tiempos… A lo mejor era sólo un puntito menos freak que Ed, a lo mejor, sólo se ponía, por ejemplo, los zapatos de mujer. Y, sólo por eso, ha sido condenado al olvido más absoluto.

 

¿Por qué era freak Wood? ¿Por qué se vestía de mujer –habría que decir porque se vestía de mujer siendo hombre, ya que las mujeres se visten de mujer-? ¿Porque le gustaba lo serie B –la inventó, prácticamente-, lo oscuro, los ovnis, los extraterrestres…?

 

Aquí tampoco tengo duda, todos queremos ser Ed.

 

Resumiendo, como dice el niño que corre tanto de la película Los Increíbles, por cierto, dirigida por Bird, uno de los directores de Los Simpsons, osea, un freak de los que quedan pocos, “Decir que todos somos especiales es como decir que nadie lo es” En líneas generales, esto es así. Con el mundo freak pasa algo parecido. Ya he dicho más arriba mi opinión sobre las jornadas maratonianas, pocas veces mejor dicho, que se “chupan” los futboleros: retransmisión en directo, repetición de jugadas, comentario al comentario del comentario del penalti inexistente, resultados de la quiniela, clasificación, próximos encuentros, el día después, el día antes… en fin, que, como ya digo, ni el más freak de los más freaks de los seguidores de Spiderman… con lo que, el que más o el que menos, todos somos freaks. Sólo es cuestión de pudor, y lo único que tenían en común Kevin Spacey, Jack Nicholson, Jhonny Deep, Tom Hanks, y Napoleon, es que todos tienen una absoluta falta de pudor.

 

¿Quién no se ha estremecido con Historias para no dormir (Ed Wood), quién no ha tenido dieciséis años a los cuarenta (American Beauty), a quién no le han llamado tonto, aunque no dijera tonterías (Forrest Gump), quién no le ha hecho un dibujo a la mujer que le gusta (Napoleon Dynamite), quién no ha ido andando por la calle evitando pisar los márgenes y las grietas (Mejor imposible)…?

 

Nadie es tan raro como le gustaría ser, en definitiva.

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comentarios
  1. circe dice:

    Joooooooeee….qúe te pusiste a ecribir en una noche de insomnio….y te quedasre solo……Respecto a tu reflexión sobre lo freaky…..uf…..es que si lo miras así……al final todos lo somos??????…..prefiero pensar que no….que hay muchos….si…..pero…..La peli American Baeuty….me sorprendió muchisimo, no me la eperaba así y me gustó….en fin…nos vemos, chao

  2. Francisco Adrian dice:

    Che, muy buenas tus refleciones, y diáalogos que has posteado. Soy argentino, vivo ahí mismo, y m ha gustado mucho. Te felicito.
     
     

  3. Unknown dice:

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