Relato planetario

Publicado: 18 noviembre, 2007 en Sin categoría
 
 

 

 

Si hace ya demasiado que nos conocemos. Pasa, se sienta, saca un cigarro, lo enciende y me dice:

 

. Ponte algo de Los Planetas.

 

Suena Artista Madridista de fondo. Ella pega caladas como quien roba besos, con fuerza, y suelta el humo con más fuerza. Las volutas son unas putas, pienso por un instante. Y se lo digo. Y se echa a reír, cosa rara. No sólo las volutas, hijo, me dice ella. Espero que tengas porros, añade. Me queda una china pequeñita, cinco o seis porros, y empiezo a quemar.

 

Se levanta y sus piernas ocupan todo. La sala, mi casa, el barrio y el mundo. Comienza a andar y sé que algún terremoto habrá asolado Asia, y que algún huracán habrá esparcido cientos de palmeras desde Cayo Largo hasta Florida… pero no estoy seguro que sea por ella, aunque lo juraría. Se acerca al mueble bar y coge la botella y dos vasos. Mete dos peces de hielo en cada vaso, y nos sirve un par de güisquis. Jack Nicholson dijo que la realidad es un efecto producido por la falta de alcohol, y sin duda ella no iba a dejar que eso hoy sucediera.

 

Mientras sigo quemando, me cuenta que ha viajado de por toda Europa. Me dice que ha pasado temporadas en Berlín, Munich, Ámsterdam, París y, por supuesto, Venecia. Yo le digo la verdad, que todos me suenan a nombres de novelas, de películas, nombres extranjeros de países extranjeros donde algunas personas han amado o se han muerto. Se vuelve a reír, cosa de nuevo rara. La vida es genial. Me espeta. Pues estupendo entonces. La vida es genial, como recuerda Woody Allen que dijo Clyde en la peli de Bonnie and Clyde. Si un ser humano, uno sólo, dice que la vida es genial, entonces debe de ser cierto.

 

Bebe de su vaso como quien chupa sangre, como quien bebe de un cáliz. Lo coge con la punta de los dedos, pero parece más estable que el planeta en los hombros de Atlas. Absorbe de nuevo de su cigarro como quien roba besos, y el humo de su cigarro se esparce por el cuarto, hasta desaparecer.

 

Empiezo a vérmelas para liármelo. Ya voy algo tocado y no sé ni si tendré saliva para pegar el papel. Mientras le pego el lametazo, siento sus ojos atravesarme, y sigue hablando.

 

No me he movido nunca del sitio. Berlín, Viena, Múnich, Roma y, por supuesto, Venecia, son todos los mismos lugares. O mejor, la misma cosa en distintos lugares. Tú estás aquí, conmigo, y créeme si te digo que da exactamente igual si esto es Austria o Australia. No hace falta que lo jures, pienso yo, de hecho, no tengo ni idea de dónde estamos. Llevamos tanta mierda dentro que podríamos estar orbitando Júpiter y no nos enteraríamos. Hacen falta muchas agallas para estar colocado con esta tía, os lo digo yo, así que no sé qué cojones estoy haciendo aquí.

 

Enciendo el porro como quien ve cumplida una promesa. El humo pasa a través de mi garganta hasta mis pulmones, inundándolo todo de un sabor dulzón que te abandona rasgando las paredes de tus bronquios. Con los colores de los fumadores. Ella me bombardea a palabras, pero cuando me ve fumando se calla y me ve fumar. Yo la miro a ella. Tiene un pequeño mechón partiéndole la frente, la cara lisa de un ángel, y me mira con misterio y, por un segundo, creo adivinar cierto asomo de fascinación.

 

La tercera calada hace que le preste atención a la música de Los Planetas, justo ahora nos invaden los acordes de dulces sueños, no estamos eufóricos, más bien todo lo contrario. La veo enorme por un momento, grandiosa, con las tetas llenando el cuarto, explotando su camiseta y su sujetador, abriéndose al mundo. Reclinada en el respaldo de la silla, con las piernas más eternas del mundo cruzadas, espera a que yo le pase el canuto.

 

Y le digo. Cuando por la tarde te dije, que en realidad no pasaba nada, tuve que bajar la cabeza, para evitar tu mirada. Eso es una letra de los planetas. Tiene razón. Nunca me entero de nada. Las cosas que hemos discutido, es muy difícil arreglarlas, lo que hoy te trae de cabeza, se va pasado mañana. Sigue siendo letra, me dice. Y es verdad. Anda, toma el porro. Ahora fuma como si besara a un ángel. Con un porro en la mano, y una copa en la otra, y con todo lo que llevamos, es una suicida encantadora. No puedo evitarlo. La próxima vez que te vea, no va  servirte la misma trampa, y tendrás que hacerte a la idea, de que lo nuestro no se acaba…

 

Para ya, ¿quieres?

 

No, no quiero. Pero nunca escucho, nunca aprendo, no sé qué pasa que nunca me entero de nada…

 

Ella me empieza a decir. Soy como esos perros vagabundos, sin collar, sin correa, sin pulgas, sin garrapatas, y parece que hay un incendio. Y me dice cosas que apenas entiendo, pero a ella no parece importarle. Se sienta descalza a mi lado, me acerca la copa, y me dice que beba, que la bese un poco, que la toque las piernas, que le diga al oído lo que la quiero. Yo la hago caso sumiso, valiente, cobarde, entregado, ausente. Me toca la cara, me toca los párpados y no veo nada. Y la veo a ella. Abro los ojos y ya no la veo, y al instante está ahí.

 

Somos dos completos desdesconocidos, nos conocemos como palmas de dos manos en un cuerpo de diferentes cuerpos.

 

Me pasa el porro y empieza a reír. Dice Neruda algo de que ríe como una fontana. Y es verdad. Si Neruda lo dice ha de ser verdad. No sé cuánto tiempo durará ella conmigo, no me importa, me quedo en la orilla del presente.

 

Cuántas veces lo intenté, y no sirvió de nada. Un millón de veces lo intenté, y no sirvió de nada… Eso empieza a decirlo ella, la canción es parte de lo que me debes, y no canta sin una razón. Yo la abrazo como puedo, sin soltar la copa, y ella tampoco. ¿No has sentido alguna vez que echas de menos algo? ¿Te has arrepentido alguna vez de haber tenido y de no haberlo dado? Ella me mira con media sonrisa en la cara, me dice que sí, que claro que sí, que sí a todo y que sí a más, y a mucho más.

 

Tiene las piernas recogidas, una encima de otra, y está a mi lado. Y bebe y fuma, y me sonríe, y me dice que la toque, y la toco, y bebo y fumo, y no follamos porque no es lo que importa ahora, y a veces pienso en lo estúpido que fui, las fuerzas que gasté, el tiempo que perdí…

 

Huele como deben oler los jardines el paraíso. La evolución decidió que esto no me diera asco, sino todo lo contrario, que esto me atrajera, que me atraiga desde lo más arcano de mí mismo, y se lo hago saber, y me dice que sí, que claro que sí, que es la enviada de la naturaleza para que pase los minutos conmigo, que no busque los ángeles en el cielo, y no los busco, ya no los busco. Me vuelve a acariciar y me toca la barbilla, me pone los dedos en un labio y me va besando el superior, y sabe a wisky y a tabaco y a Dios, todo junto, tiene la pinta que debe tener Dios cuando bebe.

 

De algún rincón de mi podrido cerebro, la testosterona y otras hormonas y endorfinas llevan tiempo diciéndome lo que mi olfato me ha confirmado y les ha chivado. Que es el hueco de mis aristas, que es la cueva donde quedarme a dormir y el jardín de mis delicias. Tengo que usar las manos, o puedo usar los pies, tendré que ser más claro, si lo hago, ¿quién me va a entender? Hay tanto que perder…

 

Me da un beso apresurado y se levanta a por más wisky. Trae hielos, trae cocacola, trae su sonrisa, sus piernas, sus tetas, su pelo, su olor, su sencillez y su candidez. Lo trae todo y me lo tomo. Se hace ella un porro y me recuerda a Dios creando la creación. Primero quema, luego añade la mezcla, lía y lía y la beso, y me distraes, y la vuelvo a besar, y me vuelves a distraer, y lame al papel más afortunado del mundo. Se lo enciende y veo la cara de satisfacción que debió de poner ya sabéis quién ya sabéis cuándo.

 

Y me doy cuenta, veo en ese momento, que somos los dioses. Hay un dios en cada hombre. Por supuesto. Y en ella un ejército de diosas. Anda piérdete, no te detendré, me vas a coger… no te achucharé, no te atosigaré, anda piérdete… ¿Porque dices eso?… En fin.

 

Le da otra calada como un rayo de sol. Lo planetas continúan. Me río, se ríe, el mundo se ríe. Me lo pasa y le doy otro beso. Se pega a mí como un niño a su manta, y hago de manta con enorme placer. Fumo a su lado, como comería gatos vomitados por leones a su lado. Todo parece un poco menos una mierda si es ella quien lo mira a mi lado.

 

Sé que detrás de cada copa y detrás de cada porro, y detrás de cada pastilla, puede venir el reverso tenebroso. Pero los planetas siguen sonando, y ella sigue a mi lado, y el wisky no ha hecho más que comenzar y, que yo sepa, seguimos siendo jóvenes, y nuestros pulmones aguantan el humo, nuestros cerebros la barbaridad, y nuestros corazones luchan a brazo partido por aguantar.

 

Ahora pienso que no merece la pena, arriesgarme traerá más problemas, y así que elijo, lo que tengo más cerca, por lo menos tendré la certeza. De que existo, de que puedo decidir, de que elijo por mí. Sólo por mí.

 

En vez de aceptar lo que viene de fuera, en lugar de contar lo que queda, desde ahora, hasta el día que me muera, por lo menos cabrá la sorpresa. Algo nuevo, algo aún por descubrir, algo dentro de mí. Dentro de mí…

 

Ella y yo cantamos en silencio. Somos los dos solistas de esta función, de este concierto. A los dos nos entusiasma. Y yo creo que voy a empezar a creer en dios. Y ella desde luego no tiene que creer.

 

Y ella me dice. Algún día moriremos. Y yo le digo que no, que ni muchísimo menos. Ella repite que sí, que moriremos. Le paso el porro, la miro, la toco, y le pregunto ¿Tú vas a morir? Fuma una calada, piensa, me mira, y dice: No.

 

No.

 

Claro que no.

 

Morir es una palabra sin significado. Vivir, amor, placer, la cima, son palabras que ella y yo, sobre todo ella me enseñó, hemos llenado de significado hasta rebosar. Si viene Satanás con su ejército infernal y nos coge fumando, follando, bebiendo, escuchando los planetas, palpitando como dos almas henchidas, nos reiremos de ellos, hasta el fin. Y el fin seguiremos siendo nosotros, como no podía ser de otra manera.

 

Me coge la mano y la pasea por su cuerpo, al poco sirve dos copas más, me deja con dos palmos de algo que no son narices, y se hace otro porro. Dice de meterse farlopa. Voy en su busca como quien busca una prórroga en un empate en la final de su equipo favorito. Dios, si es omnipotente, se mete farlopa. Para eso la inventaría, digo yo.

 

Le dejo dos gramos encima de la mesa y maneja la montaña a su voluntad. Empieza a partirla encima el cristal mientras me hago otro porro. Empieza a reír suavemente. Me lo enciendo mientras ella la destroza y la coloca en líneas paralelas. Se droga y siento dilatarse sus pupilas. Fumo dos caladas, meto un trago, me meto dos rayas, bebo los tragos, echo el humo, y la beso. En ese orden. Y al séptimo día descansó. Menuda juerga.

 

Pero, cariño, no he terminado todavía.

 

Entonces, poseída de la pequeña euforia de la química, me habla de días en el campo, allá en Alemania, con un chico de erasmus. Me dice que lo hacían a todas horas. Al final quedaban por la tarde, compraban droga, alcohol y tabaco y echaban polvos en el jardín británico. No había nada como combatir el frío follando en siglos de antigüedad, me decía. Ella solía inventar historias, a mi me daba igual conocer detalles de su pasado. La orilla del presente ya es bastante quimérica como para tomarme muy en serio otras cosas que no sean ella y sus sustancias.

 

Sin embargo, le confieso que le partiría las piernas al teutón, le cortaría los cojones y se los haría tragar.

 

No tendrías agallas.

 

Es cierto. No los tendría.

 

Otro tiro, otra canción, otro canuto, otra copa, otro beso, otro mundo. Dicen que hay animales que se golpean la cabeza sólo para entumecerse, para permanecer arrobados en los brazos de la leve inconsciencia y no pensar en que un liguer va a comerse a su camada, por ejemplo. La historia de las drogas es la historia del hombre, y de los animales, pero eso no tiene por qué decir nada.

 

Un día, me dice, nuestro corazón estallará. No aguantará más. Hará recuento de amores, de sinsabores, de dramas, de drogas, y decidirá que ya no aguanta más. Que no ha podido resistir. En nuestra mano sólo está postergar el momento. Y me recuerda lo que no paro de decir sobre la orilla del presente…

 

Pero no será hoy. Esta noche la química exógena y la endógena nos ayudará a olvidar lo que nos puede hacer daño. Y no sé cuál es más peligrosa.

 

Se quita la falda. Se queda en ropa interior pues los porros el alcohol y, espero, mi compañía nos acalora un poco. Seguimos sin follar como el que sigue sin soñar. Nos queda tema, mucho tema Tengo dos botellas más, dos pedruscos más, y cuatro gramos más. La noche es una noche entre los millones de noches que han visto los humanos, entre las miles que han visto nuestros ojos, pero ni ella es un vampiro ni yo un sátiro, y nunca habíamos pasado una noche juntos, y nuca así.

 

Somos los más hermosos del mundo, los más felices, los más evadidos y, a la vez, los más involucrados.

 

Somos polvo entre cenizas y olas de mar y también impulsos cósmicos. Y ecuaciones y quants y química y física y mil cosas más que poco o nada tienen que ver con los prejuicios, la libertad o el sentimiento de felicidad.

 

Ni que decir tiene que prepara otros rayajos y me pone los pies en la cara y la beso y me pellizco hasta sangrar por ver que no es sueño. Aunque no sería la primera vez que me pellizco y me duele y resulta que es un sueño.

 

De una manera o de otra, siempre te he estado esperando. Uno no es realmente uno hasta que no está con dos. Me dice. Y la escucho y asiento y me meto la raya y me fumo el porro y brindo mirándola a los ojos.

 

Bebe, me besa, bebe, se mete, bebe, fuma, me besa. Estamos haciendo experimentos. Que no acaban de salir mal.

 

En el castillo de donde las dan las toman, hay una cama reservada para tí, alguien te vio salir volando en una escoba, no había necesidad ninguna de mentir. No es que yo esté disfrutando mirando cómo sufren los demás, pero es que ya iba siendo hora. De que compruebes por ti misma cómo duele lo que sueles regalar a quién solo te da amor.

 

Ella canta y yo sigo cantando con ella. Es un ángel en mi habitación. Coge un puñado de coca y me la pone en la pierna. Se hace una raya y me chupa la pierna como quien come un helado. Si necesitas una mano, ya sabes dónde tienes que llamar, para que te den de lado, pero estaría encantado si pudiera devolverte la mitad de lo mismo que me has dado. Cojo yo otro poco y se la pongo en el pie. Me la meto y se lo chupo, dedo por dedo, hasta que su risa me saca del éxtasis.

 

Le gustan los románticos, Bergman, Baudellaire, Houellebecq, Bowie a veces, siempre Beatles, preguntarse brevemente por qué, y me lo hace saber. Todo me lo hace saber mientras bebe. A veces escucha a Fito Páez, incluso Silvio Rodríguez, incluso Milanés, incluso, incluso, Calamaro. Dice que la hacen vibrar. Que le gusta la gitana de Julio Romero de torres. Rezando porque des una señal, los días cada vez más despacio. Y solamente puedo esperar. Que vengas a explicar que todo ha terminado, que tengas que decir que no me quieres ver. Es imposible que hayas olvidado, lo que los dos podíamos hacer. Y si esto que ha pasado va a pasarnos otra vez, y si todo ha sido en vano, no tienes que volver.

 

Y le gustan, por supuesto, Los Planetas. Y a mí también. Y me gusta ella.

 

 

Dedicado al negro por su aniversario 

 
 
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comentarios
  1. paco dice:

    Oh luis!
     
    Consigues meterme en el mundo que escribes en  un plis plas, tienes un don, un arte tal vez, le falta una musica de fondo y nada mas pk es perfecto ! tio te agradezco la dedicatoria
     
     La evolución decidió que esto no me diera asco, sino todo lo contrario, que esto me atrajera, que me atraiga desde lo más arcano de mí mismo, y se lo hago saber, y me dice que sí, que claro que sí, que es la enviada de la naturaleza para que pase los minutos conmigo, que no busque los ángeles en el cielo, y no los busco, ya no los busco…
     
    Lo  tomare prestado y ya sabes porque… un abrazote!

  2. Luisillo dice:

     
    Qué grande el sidrooo!!
     
    Me alegro de que se pueda salvar al menos algo de toda la basurilla esta… jejej Coge lo que quieras, faltaría más! Para mí es un honor!
     
    La verdad es q iba un pelín cieguete ayer, me puse los planetas, y mira, una cosa llevó a otra… Te pasaré las canciones que aparecen para que te involucres más, están guapas y es que son la banda sonora…
     
    y felicidades otra vez negro! Otro abrazo pa tí!!

  3. Ana dice:

    luisico que suerte saber escribir así!! eso es un don jeje .un besito

  4. Luisillo dice:

     
    tú sí que eres un don anita!!
     
    otro beso para tí

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