Crónica muy apresurada de Münich…

Publicado: 25 agosto, 2007 en Sin categoría
 
 
Ich bin ei Springfielding!
 
Bueno qué pasa, que no se va a notar que he ido a Munich!
 
Por fin, después de varias peticiones de Juani, después de que lleva él ya un añito por allí, y después de idas y venidas con el calendario por mi parte, ya he ido a hacerle la visita al sucesor hitleriano!
 
Lo vi peligrar desde comienzos del verano, con mi recién operada cabeza, pensaba que no llegaría a Munich en plenas condiciones… Me operaron a principios de Julio y me pasé todo el mes recuperándome pensando "que no me da, que no me da…". Pero al final sí me dio, y es lo que importa. Que me hubiera ido con el puto drenaje, si hacía falta. Pero no hizo falta. Iba, de todas formas, pelín acojonado porque aún estaba un poco flojucho, y después de todo sólo había pasado un mes desde que me operaron, y además no puedo hacer nada de deporte hasta cumplidos tres meses de la operación. Con todo eso a las espaldas, pensaba que no iba a aguantar un ritmo bueno de visitas y encima salir por las noches… y los que me conocéis sabéis, aunque últimamente quizá lo haya dicho más de lo que debiera, lo que me cuesta decir NO…
 
Sí hubieron visitas maratonianas, sí hubo juergas, y sí hubo cerveza -aunque no la suficiente, en mi opinión-. Y también me cansé! Pero lo bueno aquí es que no fui el único. Menos Juani, que Alemania y el vivir en un quinto le han dotado de unas piernas prodigiosas, el resto, osea, Javi -en adelante alitel- y López -en adelante polizón-, se cansaron tanto como yo. En realidad, tanto no creo. Nos cansamos todos mucho, pero Javi invocaba la magia del african, y aprovechaba para dormir en los tranvías, y López lo pasó muy mal sobre todo un día entero, pero el resto yo creo que no estaba tan destrozado. La mejor que pasé yo fue la del bar Jevi, la más descansada, las demás estaba más o menos hecho polvo, pero hecho polvo en definitiva.
 
 
Ya tenemos un cuaderno de bitácora que algún día desempolvaré, así que no voy a contar todos los minutos, porque ni me acuerdo ni sería grato de leer. Así que ahí van impresiones generales.
 
Las primeras cosas que me llamaron la ateción me las señalaron Javi y Juani. Nada más llegar, Javi dijo que era igual que España. Mientras yo pensaba que, efectivamente, era el mismo suelo, el mismo aire, y las personas parecían ser de nuestra misma raza con átomos parecidos, Juani lo iba diciendo en voz alta. Un poco fundiendo a Javi y riéndonos, me fui dando cuenta de que, en el fondo, tenía razón. Cuando fui a Roma sí noté un cambio bastante acusado, las cosas eran diferentes. Pero en Munich me pareció todo extrañamente convencial en el fondo, y eso que en la forma hay cambios muy destacables, que si eso ya diré. Lo que no sé es si es culpa de Munich, que es peor que Roma, o soy yo el que ha cambiado y voy perdiendo esa capacidad de sorprenderme que tanto y tan bien usamos cuando somos más jóvenes y tristemente abandonamos cuando los años nos quitan pelo o nos ponen canas -a los que aún tiene pelo, claro está-…
 
Y la otra impresión que señaló Juani fue la de que los perros no ladran, los niños no lloran… etcétera. Habría que añadir: la gente no grita, ni habla alto, como diríamos por aquí, ni corren, ni parecen tener prisa, ¡ni se emborrachan! pues sólo vimos un borracho, y parecía algo excepcional… Podríamos pensar que, sibilinamente, de manera enmascarada, preparan el advenimiento del cuarto reich, entre buenas sonrisas y muestras de tranquilidad, pero esto es injusto y broma fácil. Juani no se cansaba de decirnos lo arrepentidos que están los alemanes de su pasado nazi… supongo que es para estarlo, aunque, sólo a modo de apunte, en España hay millones de personas que no sólo no están avergonzadas del pasado franquista, sino muy orgullosas… y ojalá vuelva. (Dirían ellas)
 
Y es que realmente parece un sitio tranquilo para vivir. Lagos, monumentos, jardines-bosque, medios de transporte muy eficientes y parece que buena gente en general, aunque tampoco nos dio tiempo de intercambiar muchas impresiones con la población autóctona, y qué coño, tampoco hubiéramos sabido. Bueno, quizás alitel sí…
 
A mí me encantó una noche, no sé si la segunda o qué, en que nos pusimos las botas en la cervecería más antigua de Münich, o al menos una de las más antiguas. Mesas de tres metros por uno y pico, más o menos, jarras de medio litro generoso, y codillo de cerdo, ¿qué más se puede pedir? Pues siempre se puede pedir más, pero por el momento no estaba nada mal. Los bretzel, especie de panecillos salados, valían setenta céntimos cada uno, osea que prohibido tocarlos. Por lo menos allí no se movía ni dios. Al final cogí uno, pa joder más que nada, y pude acabrme el último culillo de cerveza con su ayuda salada. El caso es que al final nos pedimos cuatro pintas cada uno, todo ante la aparentemente indiferente mirada de los padres de Esther, que muy simpáticos, por cierto. La cerveza alemana la voy a echar mucho de menos, entra como el agua, solo que sabe mejor que el agua, y te va cociendo poco a poco…
 
Ya digo, la cena inmejorable. Típca estampa muniquesa. Aluego, ala, a salir por ahí. No penséis que teníamos con nostros toda la pléyade de erasmus que, sin duda, debería haber por Münich. Haberlos los había, pero se tomaron un par de manzanillas la noche antes y se ve que tenían resaca… ejem! Es comprensible, hay que tener en cuenta que es mucho más incómodo pasar la noche en tu camita, todo el día relajado en tu casa, que no te apetece ya salir, a dormir tres en dos colchones, habiendo pasado todo el día de maratón subiendo torres con mil escaleras, o recorriendo los pomposos jardines del maricón de ludovico… estos erasmus, no aguantan ná! Pero no necesitamos a nadie. Juani, Esther, Luisa -mi tocaya-, el hermano de esther y señora, alitel y polizón nos bastamos y nos sobramos para pasar una buena noche bajo la luna de Münich.
 
La primera parada fue un bar donde trabajaba una panameña de figura generosa, que dormía en la habitación del colombiano, en el mismo bloque que Juani. Después de haber bebido varias cervezas, dos litros pa ser essactos, a Juani y al polizón no se les ocurre otra cosa que pedirse unos combinados de esos gays, unos cocteils chungos de nueve euros el cóctel. Alitel me mira con cara de pocos combinados raros y le devuelvo la mirada con el mismo mensaje. Pónganos dos cervezas, porfaplís! Elige Alitel la marca, y los demás se piden sus cócteils traidores. Durante la espera, se comenta lo exóticos que serán los cocoteils, que si sex on the beach, que si bloody mary, que si copa gigante, ya verás qué pedo, aquí se pasan con los cócteils… y una mierda. Fiasco general al ver las mierdas copitas, vasos duralex según mi entender, de casa de la abuela vamos, con las que llegan los famosos cócteils. Eso sí, con una rodaja de limón -sic- dentro, que lo hacía aún más pobre si cabe… Y ya se culminó la ironía cuando nos sirven a mi y a alitel las cervezas más grandes del mundo, una cosa rara con sabor a cereza rara que, en honor a la verdad, no me gustó una mierda… Pero tuvo su gracia el episodio. Total, que nos sentamos como buenos amiguetes a beber en unas cuantas mesas, colombiano y panameña incluidos, de puting mather. Fue aquí cuando tuvo lugar el episodio con el colombiano. El chaval me dijo no sé qué de si la genética me había tratado mal, por aquello de mi escasez capilar, y eso fue mal recibido por miembros de la división española, sobre todo alitel, que ya sabemos que tampoco necesita sardinas pa beber agua, como el polizón, y Luisa, que tampoco se las calla, y que en ese mismo momento le dijo dos cositas al colombiano, del tipo de qué confianzas eran esas y así, muy cojonuda la tía, la verdad. El caso es que yo no me lo tomé a mal! De hecho estoy seguro que era un comentario de lo más normal, sólo que dicho en sudaca. Además, él mismo me dijo no sé qué de que su viejo también estaba calvo man, y cosas raras. En el fondo era un buen chaval. Pero no me arrepiento del malentendido, porque nos pudimos reír bastante todo el viaje con la coña del colombiano en general.
 
No recuerdo muy bien de qué hablamos ni nada, porque el grifo seguía abierto, como debe ser, y los recuerdos se vuelven borrosos entre las neblinas etílicas, pero sin duda nos reímos y vam gaudir, dit en català. Y ahora, ¿a dónde vamos, mister tirano? Pues podríamos ir a un bar jevi que  yo sé que te va a gustar, Luis. Ok, pues payá que nos vamos. Salimos del local, alitel mea en alguna esquina -por cierto, en las fotos que tengo colgadas se pueden ver nuestras cervezas a la cereza bastante descomunales y al alitel meando, pa que no digais que esto no es completito- y caminamos hacia el otro bar. La verdad es que este trayecto fue una auténtica excepción, porque durante todo el viaje, cuando teníamos que cambiar de ubicación, lo más lógico era andar varios minutos, sino había que coger algún tram… pero esta vez, si no recuerdo mal, apenas caminamos como pa que nos diera un poco el aire. Osea, que con toda la cocida pa dentro.
 
El local estaba bastante petao, y era osucro de rigor, osea que, en cuanto a estética, muy jevi. Ahora, la música era otra cosa. Rara, rara, nada de jevi. Vamos adentrándonos como podemos, recuerdo que Polizón me comentó que todos eran muy altos, y era verdad, él y yo estábamos atravesando un pasillo formado por verdaderas torres a izquierda y derecha que en cualquier momento nos podían haber hecho un baboom en toda regla y clavarnos en el suelo. Y eso que Polizón y yo, sin ser Jordanes, no somos tampoco bajitos… Una vez hechos con las dimensiones del local, conseguimos ocupar una mesa que había vacía. Porque sí, amigos, era un bar no muy grande, como el callejón más o menos, pero había tres o cuatro mesas de madera, como las del restaurante. No podía evitar recordar las tabernas del señor de los anillos, y a nosotros cuales hobbits bebiendo rica cerveza de barril… lo siento sidro por la envidia, pero es que era así!
 
En fin, para qué contar una noche etílica, sólo deciros que a lo que ya llevábamos en el cuerpo, le siguíó mucho más. La cerveza entraba verdadermente bien, y no había razón para dejar de pedir cuando estás en Münich con los colegas, eres joven, y no te preocupa demasiado lo que has de hacer al día siguiente…
 
Encontré un medio quinqui que resultó ser catalán, me dijo que odiaba Münich porque la policía ya le había detenido un par de veces por posesión de hachis. Luego me lo volví a encontrar, al poquito, en el mismo bar, le saludé otra vez en español y me dijo "¡hombre" ¿eres español? ¿de dónde?" Exactamente lo mismo que me había dicho unos minutos antes… vamos, un colgao. O un desmemoriao. También vimos, en el mismo bar, a una tipa de Madrid. Lo único que recuerdo de ella es que nos dijo que los héroes eran una mierda. La abucheamos, naturalmente.
 
No sé muy bien por qué, no me acuerdo, pero el caso es que salimos del bar. Nos habíamos bebido dos litros de cerveza en el restaurante, combinados-cocteils-cervezas raros/as por ahí, varias rondas de jaguermasters de esos, como se llamen, que por cierto, no suben tanto como cuentan los emocionaos de la vida, y en el bar jevi yo diría que, cada uno, hicimos por lo menos dos viajes a la barra, y siempre que se hacía un viaje se pedía para todos… Pues pa todo eso, tampoco íbamos tan mamaos. El viaje de vuelta a casa fue tranquilo. No hubo incidentes, llegamos todos sanos y salvos. Ahora no me acuerdo, pero muy posiblemente nos abriéramos un par de cervezas más una vez en csasa, antes de irnos a dormir… ¿Me lo parece a mí, o me ha quedado una crónica un tanto borrachina? La verdad es que muchos detalles o bien se me escapan, o bien no me apetece escribirlos, así que quien quiera que añada o me corrija.
 
Noche redonda, en mi opinión. Durante lo que me quede de vida, recordaré aquélla taberna, igual que recuerdo una plaza en Roma, o una posada de Valencia, y siempre querré volver allí de alguna manera. Sé lo entretenidos que fueron esos minutos para mí, lo valiosos que fueron, así que, de forma natural, intentaré en el futuro recrear esa situación. Esos son los verdaderos fragmentos con los que se teje la memoria, la buena memoria, al menos.
 
No se pueden contar tantos días de viaje, como bien digo, esta es una crónica apresurada de Münich, y nada exhaustiva, por cierto. Me impactó mucho Dachau, el campo de concentración. Mucho. De eso quizá hable otro día. A finales del siglo XIX el ser humano tenía una confianza brutal en la razón. Mediante la razón podríamos alcanzar cualquier meta, no había límites… ¿no había límites? No, no los hubo. El holocausto fue un ejemplo demasiado claro de cómo una razón sin metas es inútil, a esto se le dio a llamar la razón instrumental, es decir, como ya he dicho, cuando hay medios, los más sofisticados posible, pero no hay metas. Osea, técnica sin ética. Adorno se preguntó si se podría escribir poesía después de Auswitch…
 
También me gustó mucho Nuremberg. Muñones, cómo no, pero me gustó. El bosque-jardín más grande de Europa, el palacio del Ludovico, el museo de Münich, en fin, etcétera etc… Vuelvo a animar a los compañeros de viaje, tanto al dictador, como al polizón como al alitel, que amplíen esta crónica si quieren. Las fotografías no son, ni mucho menos, la única manera de perpetuar los recuerdos, las letras pueden ser instantáneas tanto o más oportunas para, con el tiempo, leerlas y revivir.
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comentarios
  1. Noelia dice:

    Primero,veo que las cervecitas abundaron como tenían que abundar! y coño! yendo a Alemania, no es pa menos!
    Me alegra saber que al final estuviste enterito y que la operación no te afectó a penas… eh??????? ahí está tu par de huevos! 😀
    No sé yo si notaré tanta diferencia de España a Alemania, desde el luego que en Roma sí lo noté… tendré que escribir yo también mi experiencia (cuando la viva en Septiembre :D) y ya haremos comparaciones! jeje.
     
    También he visto la carta que le has escrito a tu dios… desde luego, que lo tuyo ya no tiene noooooooombre!!!!!! 😛 jajajajajjaa. Pero eso sí, no pienses que me la he terminado de leer, es imposible!!!!!!! aunq me chifle tú manera de escribir, como que la vida de Calamaro me interesa poco! a tí no te interesa el mocho y a mí no me importa Calamaroooooooo jojojojojojojojojoojojo.
     
    Ya estaba yo ayer pendiente de si estabas escondido entre el público… seguro que ya me has visto y no me lo has dicho mamonceeeeeeete!!!!!! que no me entere yo, eh????? 🙂
     
    Un besiu!! me piro a estudiar! 😦 

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