Para los que beben sin sed

Publicado: 12 junio, 2007 en Sin categoría
 
El viernes estuvimos celebrando el ventiséis aniversario de un buen amigo -del Torre- y, sin comerlo ni beberlo, bueno, con beberlo supongo que sí, algunos botellines cayeron y precedieron a un par de cubatas…
 
Total, que al día siguiente, aunque me encontraba razonablemente bien, no se puede decir que estuviera para hacer operaciones algebraicas… Estos días en los que estás con el clavo me suelo acordar de un libro que adquirí allá por el 2003. No sé si me lo regaló mi hermano, si se lo regalé yo -al modo de Homer a Marge una bola de bolos llamada Homer…- o cómo fue, el caso es que lo he ojeado en varias ocasiones, ahora comprenderéis por qué. Se llama Tratado sobre la resaca. Guía de superviviencia para quienes beben sin sed. Está claro, ¿no? Cuando llevo alguna resaquilla entre manos -o entre sienes- no puedo dejar de acordarme de tan entrañable tratado… Su autor es Juan Bas y es un borracho contumaz, o eso nos deja entrever, que nunca se sabe, y menos con este tipo… Ya en la foto que aparece en las solapas parece que tenga una resaca de órdago, y es una extraña -o borracha- mezcla entre el hombre de las coles -¿cuantísima gente se parece al hombre de las coles?- y a mí mismo…
 
En el libro habla de bastantes cosas sobre la resacas: resacas famosas, más bien de gente famosa, lo que la causa -sin tecnicismos-, y sobre todo clasificaciones chifladas e historias verdaderamente sorprendentes, cuando no grotescas. Casi retratos de buenos borrachos, de todo tipo, parece un libro costumbrista… con tintes de cómic, porque no en vano, en sus ratos sobrios, en los ebrios imagino que también, una de sus profesiones es guionista en general, y de cómic a veces, en particular.
 
Buena parte del libro la dedica a hacer una clasificación de resacas. Y no tiene desperdicio. De la que voy a hablar hoy es de la llamada Claustrofóbica así que, Torre, por favor, no la leas, o dejarás la botella ya bien lejos de ti para siempre…
 
Bueno ahí os dejo íntegro el textito, que les aproveche:
 
 
 
 
 
Claustrofóbica
 
El resacoso claustrofóbico no soporta estar en lugares angostos y cerrados. Por supuesto, sus filas también las forman los neuróticos -pero ¿acaso puede decirse que alguien de nuestra sociedad no lo sea en absoluto?-. Nada de aviones, ascensores, cabinas telefónicas, sótanos, desvanes, casetas de perro, retretes de autocar, confesionarios, féretros, celdas de castigo, batiscafos, cámaras de gas…, etcétera.
     Los colmos del horror para un resacoso claustrofóbico son las cuevas de Altamira y un coche cama de renfe.
     Mi antiguo amiguete el camello Paquito sirve también para ilustrar la resaca claustrofóbica. (Dice "también" porque el tipo anterior de resaca era la agorafóbica, que también sufría el tal Paquito -todo un personaje, como podréis ver- pero que se le cambió del día a la mañana a claustrofóbica. Cosas de las resacas. Esta explicación es mía eh, pa q lo entendáis…)
     Ver utilizar su querido whisky Dyc como líquido higiénico para dentaduras postizas (todo eso pasa en el anterior tipo de resaca, que tampoco voy a contar aquí porque como que no es plan) le produjo a Paquito una gran repugnancia y no volvió a probarlo. Se cambió a la cerveza con ginebra. Cervezas San Miguel o Estrella Doradade tercio de litro, sin vaso, a morro. Se bebía como una cuarta parte de la botella de un par de tragos y se la rellenaban con ginebra hasta el borde. <<Una mitjana -mediana- con bien de Larios, nen>> se convirtió en su nuevo grito de guerra.
     Y fue la escasez de cerveza la que le condujo a una nueva experiencia traumática que cambió sus resacas agorafóbicas por claustrofóbicas.
     Celebraba la Nochevieja con un grupo de piltrafas del arroyo como él en el piso 10º de un bloque de San Andrés del Besós, una zona muy poco residencial.
     Después de las doce campanadas y con el personal ya muy pasado de todo, Paquito se percató de que apenas quedaban cervezas y ginebra sólo un culillo. Se empolvó la nariz con una rayaza de speed para neutralizar un poco la tajada y reunir arrestos con los que bajar a la tasca próxima, en la que también había una fiestorra de seres del abismo, a reponer la bodega.
     Todos aprovecharon la declaración de intenciones de Paquito de ir de excursión para encargarle varios pedidos. Paquito explicó que iba a hacer de burro de carga su puta madre y al final se puso escote y se nombró a dedo una comisión encargada de acompañar al camello en la descubierta. La escolta la formaban la Trini, apodada la Ventosa, una punki enclenque pero con buenos morros que sobrevivía a base de hacer mamadas baratas en las paradas de taxis, y El Hombre Lobo, un recadero del mercado de la Boquería con cara de licántropo y muy amigo de engullir recortes de carne cruda y mondongos.
     El trío de ases se entretuvo un rato con la aristocracia de la tasca, cayeron un par de pelotazos y algçun canuto y por fin se decidió volver a la fiesta del piso 10º con las vituallas.
     El ascensor de la casa, más angosto y viejo que el ataud de Drácula y sin puertas de protección -lo cual permitía leer las telegráficas pintadas de los entrepisos-, se había portado bien a la bajada, pero a mitad del ascenso se paró con un brusco tirón entre el quinto y el sexto piso. Paquito, la Ventosa y el Hombre Lobo, con el pedo que llevaban, jalearon en principio con irresponsable buen humor el incidente. Pero tras un rato de pulsar de todos los botones, tocar el timbre de alarma, dar voces y hostias en la pared y comprobar que el ataúd no se movía y que nadie les hacía ni puto caso, comenzaron a agobiarse.
     El ascensor era tan estrecho que no podían ni sentarse en el suelo. Visto el panorama y con cierta filosofía estoica propia de gentes de vida difícil y azarosa, contemporizaron con el percance y les pareció que lo mejor era proseguir la fiesta por su cuenta y en tan íntimo escenario. Tarde o temprano se darían cuenta de su prolongada ausencia y los rescatarían o el ataúd se acabaría desplomando, lo cual justificaba aún más continuar la jarana. Probablemente el hipotético rescate no se daría hasta bien entrada la mañana, cuando las ratas del piso 10º volvieran a sus respectivas madrigueras o salieran otros vecinos a airear sus resacas.
     Así que se felicitaron de que el cuelgue les hubiera pillado por lo menos bien pertrechados, se lo soplaron y se lo fumaron todo, esnifaron las papelinas de seguridad -las que nunca se declaran y se reservan para emergencias-, mearon por el hueco como pudieron y la Ventosa encharcando el suelo y no se atrevieron a follar por si las embestidas contra las precarias paredes terminaban por desplomar el artefacto. Eso sí, la Ventosa les obsequió con sendas mamadas y ellos le hicieron una paja a dos manos. El Hombre Lobo se emocionó y le metió una botella vacía de cerveza por el coño. Podían haberse complicado todavía más las cosas, pero la gruta de la Ventosa desafió las leyes de la física, no hizo honor a su apodo y no hubo succión.
     Bueno, lo de que la tía les obsequió con un servicio de sexo oral es un decir. A pesar de la esmerada paja y la sesión cosolador San Miguel del Hombre Lobo, la puta mezquina se aprovechó de las circunstancias: les cobró el doble de su tarifa habitual amparándose en la coartada de que como estaban muy pasados tardaban demasiado en correrse.
     Ya bien avanzada la mañana les despertó -acabaron quedándose dormidos de pie, apoyados el uno contra el otro- el descojono de los colegas, que por fin se dieron cuenta de que estaban atrapados en el puto ascensor. No consiguieron hacer nada. Los bomberos llegaron bastante más tarde. Izaron el ascensor a manivela, muy poco, pero lo suficiente para que se abriera un estrecho hueco entre la pared y la puerta abierta del sexto piso.
     Los bomberos les dijeron que salieran por ahí y que se dieran prisa. No se atrevían a mover más el ascensor, amenazaba con caerse de un momento a otro. La puta no se lo pensó dos veces y como era escuchimizada salió como un réptil por el huequecillo. El Hombre Lobo era grandote y no le cabía por allí ni la cabezota lupina. Y Paquito estaba francamente aojonado. Él era un desperdicio de maternidad, un enano de cuarenta y cinco kilos de peso; sí podía salir por aquella gatera, pero le horrorizaba la idea de que el ascensor cayera pillándole con medio cuerpo fuera y medio dentro y lo partiera en dos. El ataúd dio un respingo y descendió un palmo. No se lo pensó más. Pero el hueco era aún más estrecho que antes y se quedó atascado. Bomberos y colegas tiraban de Paquito para sacarlo mientras él gemía y lloraba. El Hombre Lobo había empezado a comerse una de sus manos del puro pánico.
     Con un tirón supremo sacaron a Paquito. Un segundo después el ascensor se desplomó. Paquito me dijo que nunca olvidará el prolongado aullido del Hombre Lobo, alejándose hasta que el golpe sordo y profundo lo cortó en seco.
     Tras el percance, Paquito se dedicó a darle al frasco más que nunca, dejó la pensión y la cerveza con ginebra y empezó a dormir en el parque de la Ciudadela -no podía soportar un techo sobre su cabeza cuando tenía resaca- y a beber ron Bacardí con Coca- Cola.
     Poco después se compró una fusca en el barrio Chino, dio un buen palo en la sucursal de la Caixa de la calle Princesa y huyó al sur. Pasado el tiempo, me contaron que montó un chiringuito de playa, sin techo, en Rota.  
 
 
 
 
 
 
¿Qué tal? ¿Qué os ha parecido? Menudo pájaro el Paquillo y el resto de seres del arroyo… Pues el libro no está mal por estos episodios -si no todos, casi todos inventados- de resacas llamativas y galdosianas… o casi mejor camilianas, de José Cela, no Parker Bowles.
 
 
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comentarios
  1. Jose Manuel dice:

    jajajajajajjajajajaja
     
    Por qué dices que no lo lea, a mi lo único que me da claustrofobia son los áseos públicos- al igual que a 4 millones de británicos, según el diario "La voz d galicia"- y los ascensores como los de tu edificio, jajajaja.
    Además, una vez pasada la adolescencia en la que todo ser humano se emborracha los fines de semana, y se llega a la madurez-es decir, la fase en la que me encuentro ahora, jeje- uno no sale ya por ahi con la intencion de emborracharse, si no con la intención de tomarse un par de copas hablando con los amiguetes y pasando un buen rato, y ya está. Que un día especial- por lo que sea- se toma uno dos copas más de la cuenta, de puta madre, pero ya está.
    Odio las resacas, no me gusta tampoco acostarme con la puta sensación de portaviones, y sobretodo me jode perder el dia siguiente.
    Y es que tío, nos hacemos mayores pero no viejos.
    Uno empieza a cogerle el gusto a los domingos, a las carreras de moto Gp, a la Formula 1, a las sobremesas, a los cafés de domingo por la tarde con los colegas, y no me tokeis los cojones que yo soy el primero al que le mola salir, pero creo que eso no implica una cocida.
    Lo dicho, nunca hay que confundir salir-pasarselo bien con pillarse una mierda como un piano, si es así, si no sois capaces de salir por ahi sin emborracharos, creedme, teneis un problema.
    Después de esto ya que estoy aquí aprovecho para comunicar que el Kentucky este verano estará donde antes estaba el See the sea ese de los putos cojones, por fin se abre un bar dcente en el casco antiguo donde escuchar rock.
    Salud!

  2. Jose Manuel dice:

    jajajajajajjajajajaja
     
    Por qué dices que no lo lea, a mi lo único que me da claustrofobia son los áseos públicos- al igual que a 4 millones de británicos, según el diario "La voz d galicia"- y los ascensores como los de tu edificio, jajajaja.
    Además, una vez pasada la adolescencia en la que todo ser humano se emborracha los fines de semana, y se llega a la madurez-es decir, la fase en la que me encuentro ahora, jeje- uno no sale ya por ahi con la intencion de emborracharse, si no con la intención de tomarse un par de copas hablando con los amiguetes y pasando un buen rato, y ya está. Que un día especial- por lo que sea- se toma uno dos copas más de la cuenta, de puta madre, pero ya está.
    Odio las resacas, no me gusta tampoco acostarme con la puta sensación de portaviones, y sobretodo me jode perder el dia siguiente.
    Y es que tío, nos hacemos mayores pero no viejos.
    Uno empieza a cogerle el gusto a los domingos, a las carreras de moto Gp, a la Formula 1, a las sobremesas, a los cafés de domingo por la tarde con los colegas, y no me tokeis los cojones que yo soy el primero al que le mola salir, pero creo que eso no implica una cocida.
    Lo dicho, nunca hay que confundir salir-pasarselo bien con pillarse una mierda como un piano, si es así, si no sois capaces de salir por ahi sin emborracharos, creedme, teneis un problema.
    Después de esto ya que estoy aquí aprovecho para comunicar que el Kentucky este verano estará donde antes estaba el See the sea ese de los putos cojones, por fin se abre un bar dcente en el casco antiguo donde escuchar rock.
    Salud!

  3. Jose Manuel dice:

    jajajajajajjajajajaja
     
    Por qué dices que no lo lea, a mi lo único que me da claustrofobia son los áseos públicos- al igual que a 4 millones de británicos, según el diario "La voz d galicia"- y los ascensores como los de tu edificio, jajajaja.
    Además, una vez pasada la adolescencia en la que todo ser humano se emborracha los fines de semana, y se llega a la madurez-es decir, la fase en la que me encuentro ahora, jeje- uno no sale ya por ahi con la intencion de emborracharse, si no con la intención de tomarse un par de copas hablando con los amiguetes y pasando un buen rato, y ya está. Que un día especial- por lo que sea- se toma uno dos copas más de la cuenta, de puta madre, pero ya está.
    Odio las resacas, no me gusta tampoco acostarme con la puta sensación de portaviones, y sobretodo me jode perder el dia siguiente.
    Y es que tío, nos hacemos mayores pero no viejos.
    Uno empieza a cogerle el gusto a los domingos, a las carreras de moto Gp, a la Formula 1, a las sobremesas, a los cafés de domingo por la tarde con los colegas, y no me tokeis los cojones que yo soy el primero al que le mola salir, pero creo que eso no implica una cocida.
    Lo dicho, nunca hay que confundir salir-pasarselo bien con pillarse una mierda como un piano, si es así, si no sois capaces de salir por ahi sin emborracharos, creedme, teneis un problema.
    Después de esto ya que estoy aquí aprovecho para comunicar que el Kentucky este verano estará donde antes estaba el See the sea ese de los putos cojones, por fin se abre un bar dcente en el casco antiguo donde escuchar rock.
    Salud!

  4. Luisillo dice:

    ye tío lo has puesto tres veces! bueno, a lo mejor es para darle más énfasis. Si no hay que beber, que es malísimo y perjudicial… Si estoy de acuerdo. Yo también hay veces que salgo sólo pa que me dé el aire, otras pa chisparme, y otras pa cocerme. Tampoco me gusta salir siempre como un adalid de la sobriedad… porque no lo soy, algún día, sí, pero de seguido… puag, qué agobio. Viva el jack daniels con moderación!! Y la abstinencia con más moderación aún. Y la mezcla de ambas, pues de vez en cuando…
     
    Y lo que he puesto no es pa que bebáis más ni bebáis menos, que eso cada cual que haga lo que quiera, si no porque me parecía curioso el librito y la historia esa… la puta ventosa de los cojones. Y, por cierto, si os parece bestia, en el libro hay relatos por lo menos de ése estilo, o más bestias, menos no.

  5. Jose Manuel dice:

    ke va ke esto se ha rayao
    borralos si ires
     

  6. Jose Manuel dice:

    y por supuesto ke cada uno haga lo ke kiera.
    no salgo como adalidad de la sobriedad, solo he dicho lo ke me mola hacer.
    A unos les mola salir para beber, a otros les mola ir en plan crápula to la noche, a otros para airearse un rato y hablar con los colegas, en fin, cada uno tiene sus razones, yo solo he expuesto la mia.
     
    Y es ke joder, vaya ejemplos ke pone el libro, jajajaja, una puta, un camello y un yonki antropófago.
    Si es bestia el relato sí, y  ni mucho menos me escandalizo, pero soy de la opinión de ke mu normal no és, y ahora dirás ¿y ke es lo normal? pues desde luego ke eso no, las cosas por su nombre. Y yo todos los dias no veo eso, de hecho en vida lo habia visto.
     
    En fin, vaya libros te pillas tío!
     
    Salud!

  7. Luisillo dice:

    q no si normal no es! Si estará todo inventao, lo cual no quiere decir que no haya gente de esta ralea, que claro que la hay. Pero si hasta él -el autor- dice que son "seres del abismo" y cosas así que me parto el culo, reconoce que son unos desgraciaos, pero simpatiquetes. Claro que el autor fue joven allá por los ochenta, con lo que eso conlleva… ´No digo yo que fueran peores años en drongas, en toas las épocas hay de tó, pero él mismo cuenta algunas anécdotas autobiográficas que espeluznan! Aunque también puede ser mentira. Digo lo de que es mentira porque él al final del libro reconoce que muchas referencias históricas o literarias se las ha inventao, de las anécdotas no dice nada, pero yo casi prefiero creer que son falsas porque joder qué gente más burra… pero burra eh, qe esos no son ná comparaos con otra gente… jajjaa hay de tó

  8. paco dice:

    Pues tio yo si me creo que pueda haber pasado,todos los componentes existen!!entonces las combinaciones son infinitas, muy normal no es pero puede pasar, es como los culebrones, mira que son enrevesaos pero ocurrir pueden ocurrir en realidad! aprruff cuantas cosas hay por ahi peores aun! Es una historia muy wena, de verdad chocante, k weno cuando dice " y se fue al sur y monto un chiringuito,………………… sin techo" .

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