Haciendo amigos

Publicado: 12 diciembre, 2006 en Sin categoría
          …O bien hay que morir a los doce años, con doce años un niño es un anciano, o bien no ha de haber infancia, en cuyo caso viviríamos lo que fuera ancianamente.
          Nuestro San Martín es como cuando Bart se da cuenta de que ya no es un niño, entre otras cosas, al subirse en un cochecito de esos que le echas monedas y hace como que corre. Y quiere negociar su frustración al principio escribiendo, pero enseguida prefiere en algo que no hagan los gays. Muy ocurrente.
          A un niño se le plantea, la sociedad, por ejemplo, como ilusión, conducir. Lo ilustra el caso de Bart que acabo de exponer. Claro, Bart se da cuenta de que, de hecho, casi está más cerca de conducir un coche "de verdad" que uno de esos de monedas "de mentira". En lo que le queda su ilusión sufrirá una transformación complicada, por norma general se mantiene, en raros casos crece o mengua. Pero en lo que nadie ha caído en la cuenta es en que a los dieciocho va a subirse a un coche "de verdad" y lo va a manejar. Es como enseñarle a Dios a un creyente, es realificar un mito, una ilusión.
          Las ilusiones de los niños son o poco o muy humanas, no voy a decir qué. Pero erramos en proyectarlos en realidades de los mayores. Elegimos quedarnos con el regustillo amargo en la boca sin evitar la pregunta de "y ahora ¿qué?". Se deja de ser niño cuando te das cuenta de que todo lo que veías como dioses eran falsos ídolos, y poco menos que una mierda.
          Claro, hay gente que dice que aún conserva la ilusión. Pero la ilusión real, que ya es casi paradójico, la antológica diría yo, más o menos, tiene fecha de caducidad. Estamos preparados físicamente para vivir más años. Conservamos, los que tienen suerte, destrezas mentales, sumar, restar, orientarnos, lo que se conoce por regir, hasta una avanzada edad. Pero ninguna medicina es capaz de prolongar más allá de la infancia la ilusión, el anhelo continuo maravilloso en sí mismo que es la infancia.
          Tener los pies en el suelo es, de entrada, muy triste. Y hay que tenerlos muy en el suelo para sobrevivir a esa fecha de caducidad, o sobremorir.
          Es una manera de claudicaje o claudicación. Dar ese paso de lo ilusorio a lo "real" es venderse. Y la humanidad entera sois unos vendidos, y lo sabéis. Y no tenéis huevos para reconocerlo.
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s