Primer caso

Publicado: 28 septiembre, 2006 en Sin categoría
Yo no digo que existan exactamente, sólo que casos hay. Se dice que es muy posible que tecnologías punteras de otros Estados, de otros países, como de EEUU son las causantes de tanto alboroto, pero esto es muy difícil. Si es así, ¿cómo es que no las han puesto ya en práctica? Hay OVNIS en los años sesenta y setenta que eran capaces de desafiar las leyes que conocemos de la física. En aquél momento era enteramente imposible, incluso inconcebible si no fuera porque de hecho sucedió, que algún aparato fuera capaz de maniobrar de esa forma. e hecho, aún hoy es enteramete imposible… Entonces, a pesar de que esos movimientos supondrían una ventaja enorme para cualquier país ¿por qué no los usan? Han pasado ya más de treinta años, lo que en aquel tiempo era experimental ya podría considerarse incluso obsoleto, me parece que ya no se podría decir que son tecnologías punteras… Pues muy sencillo: porque no fueron ellos. Pero surgen más preguntas: si son prácticas de avances técnicos en periodo de experimentación, ¿porque realizar dichas pruebas delante de testigos, a veces de miles? Y por Dios ¿por qué perseguir a aviones comerciales hasta marearlos, obligándoles en muchos casos a que desvíen su ruta? Desde luego, si lo que querían era que fueran experimentos secretos, ésta es la peor manera de conseguirlo… ¿por qué iba un prototipo norteamericano a aterrizar en un campo de Galicia, por poner un ejemplo, y a emitir altísimas radiaciones chamuscando el terreno y, además, invadiendo nuestro espacio aéreo incluso nuestro terreno? Es que no tiene ningú sentido ni militar ni científico ni de ningún tipo…
 
Por estas y muchas más razones a mi me cuesta muchísimo aceptar la tan traída y llevada explicación de que sólo son prototipos de iotros países. Es completamente absurdo, y muy improbable, porque nada es imposible. Y los intentos de apoyar esta teoría a veces se me antojan como un desesperado intento por aferrarse al clavo ardiendo de la razón… convirtiéndose en algo enteramente irracional.
 
Pero voy a seguir poniendo casos espectaculares de fenómenos OVNIS, bueno a seguir no, voy a iniciar el relato de los testimonios que iré renovando conforme me vaya apeteciendo. Mi objetivo es, sobre todo, que cuando hable con vosotros del tema no partáis de cero. Osea, que ya sepáis hechos ciertos que han ocurrido, que no haga falta que os tenga que convencer yo, y a partir de ahí ir empujando la puertecita esa que todos tenemos tan firmemente sellada -sobre todo por los esfuerzos de los Estados en ocultar el hecho y ridiculizarlo- para poco a poco ir abriéndonos más a la posibilidad de su existencia…
 
 Con todos ustedes, damas y damos, el asombroso y completamente desconcertante
 
CASO MANISES (del libro La invasión OVNI  de Bruno Cardeñosa)
 

Pese al tiempo transcurrido, el expediente del caso Manises sigue

abierto. Y es lógico: nos enfrentamos al episodio más completo

y complejo de la historia ufológica española.

Un hecho que, grosso modo, podríamos resumir del siguiente modo:

un inmenso ovni provocó el aterrizaje de emergencia de un avión de

pasajeros en Valencia; cuarenta personas, desde tierra, observaron

extrañas luces sobrevolando el aeropuerto; un caza de combate

persiguió a tres extraños artefactos volantes durante casi dos horas…

Días después, mientras una comisión oficial investigaba el suceso, otro

piloto de guerra español perseguía a un inmenso ovni, y varios de

estos artefactos sobrevolaron Madrid con tal descaro y provocación

que a punto estuvieron de provocar un auténtico conflicto aéreo sobre

la capital.

Y todo esto, tan sólo en el plazo de 17 días.

Han pasado más de dos décadas, y los hechos ocurridos entonces no

sólo siguen siendo considerados los más desconcertantes de cuantos

ha deparado la ufología española, sino que los investigadores siguen

–seguimos, si me lo permiten–  polemizando sobre la naturaleza de una

serie de fenómenos de todo punto –en nuestra opinión– inexplicables.

El episodio de Manises le servirá al lector profano para hacerse una idea

de la magnitud y espectacularidad del fenómeno OVNI.

Sin más demora, adentrémonos en el análisis de este suceso.

 

“Prefiero no continuar con este tráfico que me está siguiendo”

 

“Ningún avión de la IV Flota ni ningún navío de la U. S. Navy se

encontraba en la zona durante el incidente”, se apresuró a explicar

por escrito el máximo responsable de la USAF en España cuatro días

después de que un avión Super-Caravelle de la desaparecida compañía

TAE, con 109 pasajeros a bordo, se viera obligado a aterrizar en el

aeropuerto valenciano de Manises (Valencia) pocos minutos después

de despegar de Son Sant Joan (Mallorca) rumbo a Tenerife. (¿Qué razón tendrían para mentirnos?) Los hechos, como antes decía, ocurrieron el 11 de noviembre de 1979.

En realidad, comenzaron dos horas antes del despegue del mencionado

vuelo, cuando el Servicio de Alerta y Rescate de Madrid informó

sobre la existencia de una señal de radio de alarma emitiendo en la

frecuencia 121.5 a unos 70 kilómetros al noreste de Valencia, en pleno

Mediterráneo.

La odisea podría haber quedado en eso, en mera anécdota. Pero la

pregunta del piloto de la TAE, Javier Lerdo de Tejada, pocos instantes

después de las 23.00 horas para solicitar información sobre un tráfico

no identificado que volaba en rumbo convergente –en pocas palabras,

en dirección al avión– hacia él activó todas las alarmas. Además,

también él escuchaba a través del canal de emergencia aquella extraña

señal de radio.

La pesadilla duraría ocho interminables minutos. Durante ese tiempo,

el artefacto, del tamaño de un Jumbo y con dos intensas luces rojas a

los lados, subió y bajó respecto al avión, adelantó y retrocedió hasta

acercarse a la peligrosa distancia de 200 metros del Super–Caravelle.

Temiéndose lo peor, el piloto tomó una drástica decisión:

–¡No continúo, con este tráfico que me está siguiendo prefiero no

continuar!– exclamó Lerdo de Tejada.

 

Nadie en el Centro de Control de Barcelona, que centralizó todas las

comunicaciones durante el incidente, rechistó ante la decisión del

comandante. Al fin y al cabo, de él dependían aquellos 109 pasajeros,

turistas austríacos en su mayoría. (No quiero ponerme pesado, pero si son prototipos americanos, ¿ por qué son tan joputas de arriesgar la vida de 109 civiles?)

Mientras todo esto ocurría cuando el avión sobrevolaba el Mediterráneo,

los operadores del radar de la base aérea de Torrejón (Madrid) buscaban

en sus pantallas al intruso no identificado, pero éste no aparecía por

ningún lado. Eso sí, el radar militar de Benidorm (¿Benidorm con radar?¿y encima militar? Yo aquí casi dejé de leer, esto es más imposible que los onnis!) localizó, durante todo ese tiempo, hasta 5 ecos no identificados volando sobre la zona a una

altura aproximada de 10 kilómetros.

El Levante estaba viviendo una auténtica “invasión”…

Fuera lo que fuera, algo extraño y físico estaba violando el espacio aéreo

español y nadie cuestionó la arriesgada decisión del comandante.

Tampoco lo hizo Miguel Morlán, director en funciones del aeropuerto

valenciano, porque él y 40 empleados de las instalaciones llegaron a

observar hasta tres ovnis próximos a las instalaciones, uno de ellos tan

cercano que los operarios, creyendo que se trataba de un avión, encendieron

raudos las luces de las pistas… (humm) pero el extraño objeto esférico levantó

su vuelo cuando parecía que tenía la intención de tomar tierra.

En suma, una aeronave de procedencia desconocida había abordado

un avión de pasajeros y se había situado sobre las pistas de un

aeropuerto de uso conjunto civil y militar. Por si había dudas, a todos

los testimonios visuales había que sumar la detección en el radar de

varios ovnis sobre cielo español.

El desafío por parte de los tripulantes de aquellos artefactos estaba

servido. Así lo entendieron en el Mando Aéreo de Combate en Madrid,

donde aceptaron la “afrenta” y ordenaron el despegue de un caza de

intercepción –un scramble– desde la base aérea de Los Llanos (Albacete).

A las 00.42 horas, ya del 12 de noviembre, un F-1 pilotado por el capitán

Fernando Cámara se elevaba sobre los cielos del Levante ajeno a la

naturaleza de su misión. No la olvidaría jamás…

 

 
 
 
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